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Entre todos los géneros musicales que vinieron desde Europa al Perú, el que más caló hondo en nuestra cultura fue el vals de Viena, el cual ayudó a construir una identidad propia a todo el conjunto de elementos sociales que convergieron en la construcción de la cultura limeña. Fue el preferido por los compositores populares peruanos ya que a él tenían acceso mediante los conciertos privados que se daban en la casa de los nobles limeños, transformando la orquesta de cuerdas y violines con acordes de guitarra y cajón. Además, los cantos se hacían como solistas o a dúo y se convirtieron en parte fundamental de toda reunión o jarana en las casas, solares o callejones populares, adquiriendo un ritmo único que se popularizó entrando al siglo XX. Los valses más antiguos que han llegado hasta nosotros son de inicios del siglo pasado, los cuales son llamados de la “Guardia Vieja”. Con el paso del tiempo y la popularización de sus canciones, se han perdido el nombre de los autores, pero se reconocen de éste período valses como Idolatría. La influencia de Felipe Pinglo Alva El trabajo de versos de Felipe Pinglo Alva, compositor peruano nacido en Lima, es importante para el desarrollo del vals peruano, ya que abre una nueva etapa de enriquecimiento de los versos, el acorde de la guitarra más fino y el uso de elementos sociales para retratar los problemas de una Lima cambiante. El estilo de punteo de guitarra de Felipe Pinglo fue importantísimo para el desarrollo de la técnica del acorde peruano, ya que, por ser zurdo, tocaba la guitarra al revés sin cambiar la posición de las cuerdas, por lo que logró tonalidades en las notas que son únicas en sus canciones. En su vida, Felipe Pinglo fue el autor de más de 100 valses, entre los que destacan “El Plebeyo”, “el Huerto de mi Amada”, “Amelia”, etc. El Plebeyo Se dice que el Himno Nacional del Perú es la primera canción que todo peruano debe aprender en su vida. La segunda que siempre debe estar en su mente son los versos de un vals escrito por Pinglo, titulado “El Plebeyo”. Este vals fue estrenado en 1930 en un teatro del Callao en manos de su amigo Alcides Carreño, quien se animó a tocarlo por pedido expreso de Pinglo. La letra, de profundo sentimiento social, narra la historia de Luis Enrique, un plebeyo de Barrios Altos enamorado de la hija de un empresario poderoso, quien corresponde a su amor, pero es impedido por la familia. En esta canción, se forjaron los versos más dolorosos de la canción peruana: El amor siendo humano tiene algo de divino Existen dos teorías que intentan explicar la motivación de esta canción. La primera habla de la historia de Luis Enrique Rivas, un tejedor de canastas que vivía en el Cerro San Cristóbal, que vivía enamorado de una chica que vio cruzar el Rímac una sola vez. La segunda toca una de las fibras más íntimas del compositor. Se dice que entre 1921 y 1923, Felipe Pinglo tuvo una relación con la hija de un empresario italiano de apellido Zucarello. Este amor era correspondido por la muchacha pero desaprobado por la familia, decidiéndose que ella viviera con sus abuelos en Florencia. A su muerte en 1936, los valses de Pinglo y otros compositores criollos se masificaron por la radio y se convirtieron en una expresión popular que cultivó el culto al amor y al deseo puro de querer a otra persona. Inspiró a muchos otros compositores, incluyendo Chabuca Granda, de quien también explicaremos su obra. Imagen: Adonde Tags Blogalaxia: Perú Historia Cultura Música Vals El Plebeyo Felipe Pinglo Alva Criollismo Lima Idolatría Versos Guitarra Cajón Related postsWrite your comment
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